Lectores

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Desvaríos cafeteros... El Pintor


Tengo la mirada rota y la mano con esquizofrenia.

La cortina que destaja la virilidad del sol, crea un contraste en tus piernas regordetas estacionado en el lugar  preciso para que el lienzo no sea víctima de las buenas costumbres.

Pestañeo sin precisión mientras una gota de sudor voyerista muere en tu cintura.

Mi taza roja es testigo de mis desorientados trazos azuzados por el café con ron y la soledad de tus labios acostumbrados a ser besados.

Nunca fui un pintor docto en el arte de los halagos, mi pincel deambula entre el lunar de tu seno derecho, y los vellos que convierten a Afrodita en humana.

Es difícil pintarte, no encuentro la tonalidad del olor de tu boca cuando quieres desvestirte, ni el de la ansiedad rosicler de tu pecho cuando destapo el primer bote de pintura, ni el de tu soberbia desmedida engendrada en la fidelidad de mis tintas.

Nunca puedes encontrar la pose de un día anterior, eres caprichosa, indecisa, demandante y contradictoria.

Eres inmisericorde con un trabajo sin terminar, lo que hoy no termine se desguaza en el ayer, y sin embargo mi taza roja siempre está llena del mismo café con ron.

Y es que desde que te pinto, los decibeles que aúllan en las botellas de ron vacías, acarrean destellos agridulces de adrenalina.

El calor y la humedad de las cinco de la tarde permiten, junto con la parcialidad de mis pinceladas y el destierro de disfraces, la posibilidad de escoger una vida nueva, mientras yo trato de resolver los acertijos que son tus ojeras.

El cuarto de estudio nunca aparece en las fantasías; la incertidumbre de los lienzos ingenuos siempre se acomodó mejor al protagonismo de tus poros y tu sombrero, desposados entre el azul y el negro.

Procuraré encontrar los matices infinitos de tu piel para que nunca te diga lo que ya sabes, así que si me permites, empezaré ahora mismo.

PD. Gracias Leo, en este espacio son las flakkas las que llevan la batuta.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Reflexiones sobre los Cerdos Incendiarios.


Entre chillidos y barritidos tomé mis primeras lecciones de esperanto.

Los cerdos incendiarios, con su absurdo y caótico frenesí, se van abriendo paso entre los tarros de melaza, solo para dejar atrás su análogo rastro de mierda.

Squealer va a la cabeza de estos puercos que son demasiado pequeños para vestir un uniforme negro de peón. La élite de los 16 está fuera de su alcance. 

Los cerdos incendiarios son arrítmicos, codiciosos y con delirios de grandeza. Ellos gritan con faltas de ortografía y escriben siempre con la mano manchada. Llevan en el lomo estandartes con símbolos y colores que no comprenden, pero que en su pequeño entendimiento significa comida.

Los cerdos incendiarios gritan y escriben por comida, ya tienen el hocico lleno pero quieren más comida. Es por eso que cagan en todos lados.

Los cerdos incendiarios gritan contra los elefantes soberbios que embisten parques y clavan sus colmillos en la carretera. Los elefantes también siempre están hambrientos.

En el campo de batalla, los cerdos incendiarios son un recurso desechable y renovable, pero ellos no lo saben, su ingenuidad es casi tan grande como su apetito.

Es una ironía  que a pesar de la vehemencia de sus alaridos de colores ajenos, al final del día, las llamas dejarán solo el rastro de una gula calcinada y monocromática.

Yo no sé si los cerdos incendiarios sufren, las flamas les cubren el rostro, y sus chillidos son siempre homogéneos; no puedo sentirme mal por ellos, pues no sé si sufren.

En Inglaterra tanto George como Ozzy ya nos habían contado esta historia. Nuestros cerdos incendiarios no quieren que se sepa, sus plumas se les indigestan, no las llegan a comprender.

Entre chillidos y barritidos quise tomar mis primeras clases de esperanto, pero solo aprendí a decir “tengo hambre”.

PD: Reflexiones tomadas de la lectura de Animal Farm de George Orwell y War Pigs de Black Sabbath. Así como de la forma en que los cerdos eran utilizados como un arma en contra de los elefantes de guerra indios.

viernes, 5 de agosto de 2011

La última y nos vamos



Mañanas frías y sin sabor
Diez canciones condenadas al olvido
Dos palabras entre el llanto contenido
Un cuerpo inerte en el corredor

Con el temor de volver al asilo
Entre caricias crudas y palabras mudas
Entre risas y miradas testarudas
Entre sexo con sigilo

En el frenesí de los primeros besos
Perdimos las nociones de verdad
Con botellas llenas de contrariedad
Y sonrisas que en las piernas dejan ecos

Antes que el dolor, la pasión suprima
Ambos coqueteamos con el azar
El viento llevaba poemas y rimas
Y leyendas fantásticas del bazar

Era pasada ya la medianoche
Las calles se comenzaban a vaciar
Perdido y desahuciado en los umbrales
Un veto de la barra de “Los Edenes”
Un voto unánime de ejecución
Al fondo se escuchaba That’s Amore
Y Dean puso el último tachón

Al borde del monopolio de Azrael
Regateando por uno de sus amparos
La razón se esfuma con descaro
y arrogancia, no creo poder contra él

Cansado del vigente pavor
Le propuse un trato conveniente
Apártala de su tristeza consistente
De una buena vez, por favor

A cambio te dejo lo que gozo
No creo que ahora sean propicias
Mi temple y un cintillo de pericias
Y caricias que merecen reposo

Concedido, ahora ven conmigo
De prisa, no debemos retrasar
Al que pasará los días contigo
Un pillo, que ya no pudo más

Era pasada ya la medianoche
Las calles se comenzaban a vaciar
Perdido y desahuciado en los umbrales
Un veto de la barra de “Los Edenes”
Un voto unánime de ejecución
Al fondo se escuchaba That’s Amore
Y Dean puso el último tachón

miércoles, 30 de marzo de 2011

Furtivo fue el perro...

Furtivo fue el perro
que encadenado junto al Parnaso
abalanzase sobre los huesos escasos
y la carroña víctima del hierro

El famélico animal desesperado
masculló la correa que le mantuvo preso,
infame el colmillo que en aquel suceso
del polvo probó bocado.

Embestido por la libertad inclemente
lame sus heridas presa del miedo
ante la orfandad no encuentra remedio
por perder las caricias de los grilletes


viernes, 11 de febrero de 2011

Sin sal en la cocina

Recurramos a las viejas técnicas de inspiración

Carente de ganas de dejarme llevar

He decidido hacerme un rincón en la alacena

Para guardar pimienta, miel y picante

Dame pan y vinagre y te escribiré versos para siempre

Dame jarabe y me quedo callado

Dame agua y ahógame solo una vez


En los estantes falta algo


Inefables y mendaces fiebres

Mitómanas por desconsuelo

Mitómanas en el delirio

Soberbias en esencia

Me considero de los que esperan,

Sin saber que esperar, pero espero

Guiado por la incertidumbre

Temeroso del siguiente paso

Porque puedo sobrevivir más

Y escribir menos


Recurriendo a las viejas técnicas de inspiración

Compro sudores en las esquinas

No guardo ropa en el armario

Aderezo las salsas con habanero

Pero sin sal en la cocina

No puedo escribir

lunes, 24 de enero de 2011

Con el debido respeto

Hasta que maduré
Ahora lo enfatizas
Camino a una mujer
Ordinaria poetisa
Que me hace suspirar
Escribir simples penas
Para compensar
Sollozos y condenas

Necesito una razón
Para aguantar la faena
De amor sin compasión
De palabras ajenas
De sueños privados
De deseos pedantes
Viviendo solo dos
Olvidando los farsantes

Mi culpa puede ser
Por todo lo que sé
Puede ser, no lo sé, ni sé cómo

Pero no es lo mejor
Por todo pedir perdón
No crees que de la burla sea el colmo

Que cara es la verdad
Costear esta dolencia
Que peca de vanidad
Al alojar carencias

Huéspedes sin miel
Atrapados en jaque
Perdidos de burdel

Con rústico empaque

Mi culpa puede ser
Por todo lo que se
Puede ser, no lo sé, ni sé cómo

Pero no es lo mejor
Por todo pedir perdón
No crees que de la burla sea el colmo

Tomando solo piedad
Viviendo de ingenuidad
Evitando todo lo perfecto

Esperando fidelidad
Con mezquina perplejidad
Que carece del preciso afecto


Tu escote es mi fe
Tus piernas mi sed
Tu risa, mi precioso amuleto

Un poco de oposición
A las pautas del corazón
Que de maduro no es un buen ejemplo

Con el debido respeto

Obra Inconclusa

Como te digo hoy que estos trazos te pertenecen, cuando no me has conocido más que halagos a terceras personas.

Como te explico que hoy mi respiración es pausada y mi mirada no busca más el suelo.

Como te escribo que hoy mis manos están desatadas y mis ideas caminan al compás de mi sístole y diástole.

Disfrutemos pues un día como hoy, cuando Polaris resplandece en altamar.

Disfrutemos de la noche, del café, de un pastel, de una brisa, de caminar 23 minutos sin dirección, de esta silla, de una ausencia, de una hoja en blanco; con la certeza que mañana amaneceremos sin dinero en la bolsa y un calendario despedazado por la neblina.

No te regalo ahora la luna, porque tiempo atrás la empeñé en un castillo nebular; te ofrezco esta estrella fugaz solitaria, con la promesa de que pronto sea un ramillete.

Hablemos pues sin lisonjas, sin caprichos, sin especulaciones o grabados en el reverso. Sin bozales ni vendas.

Escúchame con tus ojos, para que no se me caiga la boca; pintemos el reloj con los colores de tu cuerpo, ya que mujer mas colorida no he tenido la fortuna de conocer.

Un lujo para el alma y el oído.

Como una flor que resplandece en el jardín del artista, enamoraste el pincel de Monet.

Tus ojos exhalan vida, sin colorantes artificiales; tan profundos como la felicidad de un niño depositada en una bolsa de canicas, sí, el par más valioso en su cofre del tesoro.

Tu piel está tatuada por los matices rosicleres de un arrullo al alba, delineada a la perfección por la embestida de las olas que nacen en tu laringe.

En ese espíritu, plantemos pues un árbol de chicle y corramos descalzos sobre la espuma cotidiana.

Hablemos de Cervantes, de Michael, de Sabina de Kotler, de los que no tienen apellido con la elocuencia de un preso estrenando libertad, yo sabré escuchar y hacerme grande con tus palabras.

Hoy he decidido tomarme esta taza de café a tu salud. Por ti, por tu amistad, por tus ideas, por tu belleza, por tus chistes, por tu temple, por tu paciencia, por tus oídos, por toda la ventura que te desean las llagas de mis dedos.

Y así, manteniendo esta promesa, escribamos solo unos puntos suspensivos dejando que las carcajadas, las sonrisas, las discusiones, los besos y las mentadas se encarguen de terminar esta obra inconclusa.

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